Fabiola fue influenciada por él, abrió la bolsa y, al instante, un título de propiedad apareció frente a ella.
Abrió la primera página, y en el nombre del dueño estaba claramente escrito su nombre.
No pudo esperar y continuó leyendo.
Nueve Arroyos y Dieciocho Islas, 103.
¡Nueve Arroyos y Dieciocho Islas era precisamente donde los padres de Fabiola tenían su villa!
Y la 103, era la villa que había ido a ver ese día.
—¿Estás loco?! —dijo Fabiola y se levantó. —¿Realmente la compraste? ¿Cuánto cost