Ella apretó nerviosamente el cuello de la ropa de Benedicto, sus ojos estaban nublados con niebla.
Benedicto se detuvo en sus movimientos, suprimió su incomodidad, se levantó, se ajustó la ropa y salió.
No se sabía qué había dicho fuera de la puerta con Cedro, pero en menos de medio minuto, se oyeron pasos alejándose.
Fabiola entendió de inmediato que esto era el tiempo que Benedicto había conseguido para que ella se fuera.
Rápidamente se vistió, abrió la puerta sigilosamente, asegurándose de qu