Fabiola abrió cuidadosamente una rendija, solo para ver a Benedicto mirándola con una sonrisa enigmática.
—¿Qué te pasa?
La cara de Fabiola explotó de repente: —No, nada...
—Pero acabas de cerrar los ojos...
—Yo... Yo solo estaba evitando ver la corbata —explicó Fabiola torpemente, dando vueltas en el mismo lugar, hasta que finalmente recordó el pergamino. —Ah, necesito guardar este cuadro, yo... volveré a mi habitación primero...
Dicho esto, regresó a su habitación como si estuviera escapando y