Después de volver a su apartamento, Fabiola simplemente se sentó en el sofá.
No quería pensar en nada, ni hacer nada, solo miraba al techo fijamente.
Pero su corazón seguía doliendo intensamente.
Era como si innumerables cuchillos estuvieran cortándola y girando, una y otra vez...
En varias ocasiones, el dolor era tan intenso que casi no podía respirar.
Llegó a pensar que ese dolor la torturaría hasta matarla.
Pero no fue así, seguía viva.
Sintiendo cada latido de dolor entre su corazón y su res