El gerente no se atreve a decidir por sí mismo, solo puede volver a mirar a Cedro.
La mirada de Cedro se enfría: —Adelante.
El gerente entonces corrió a hacer los arreglos.
Cuando todo estuvo listo, Fabiola tomó las llaves del auto y se acercó a Cedro: —Gracias, Señor Sánchez.
Cedro agarró la muñeca de Fabiola: —Fabiola, puedo darte cualquier compensación que desees, excepto... Claudia. Claudia era muy importante para mí, no puedo…
Fabiola interrumpió fríamente: —Eso es asunto tuyo.
Dicho esto,