—¿Lo harías?
La voz del hombre era ronca y profunda, sus ojos brillantes, no se podía distinguir si estaba realmente borracho o fingiendo estarlo.
Fabiola apretó firmemente sus labios, con la cara roja de vergüenza.
Benedicto se inclinó, capturando los labios rojos de la chica.
El aroma del alcohol invadió, la cabeza de Fabiola se sentía mareada, pero sus dedos apretaban firmemente el traje de Benedicto. Siguiendo los movimientos de Benedicto, sus manos resbalaron y tocaron un lápiz labial.
El c