Sin dejarla terminar sus palabras, Benedicto agarró bruscamente a Joana y la arrastró hasta la puerta. Abrió la puerta de golpe y la arrojó afuera sin contemplaciones.
Su mirada estaba gélida, y su aura era fría y escalofriante.
—¡¿Tú crees que eres digna de algo?!
El rostro de Joana palideció al instante.
A poca distancia, Alejandro observaba la escena y sacudía la cabeza con resignación.
Y aún así, no se permitía admitir sus sentimientos por Fabiola.
Parecía ser un caso de terquedad impenitent