Una voz ronca y profunda hizo que Fabiola se diera cuenta gradualmente de que ella... estaba abrazando a Benedicto.
En ese instante, se sintió completamente desconcertada y dio un paso atrás apresuradamente.
Su rostro de piel clara se tiñó de un rojo intenso.
—Perdón, yo...
El pecho de Benedicto quedó vacío en un instante.
Él abrió sus labios delgados suavemente, como si nada hubiera ocurrido: —Puedo prestarte el dinero.
Fabiola se quedó perpleja, pensando que había escuchado mal: —¿Qué dijiste?