En el siguiente instante, la pantalla se oscureció y después de un momento, volvió a iluminarse.
Elián, lleno de confianza, miró con desprecio y su expresión cambió repentinamente.
Se puso de pie de un salto, recogió el teléfono y con respeto dijo: —Señorito Sánchez.
Estas palabras hicieron que el ruido en la habitación se volviera silencio absoluto.
En el otro extremo del teléfono, no se sabía qué se dijo, la expresión de Elián siempre se mantuvo respetuosa. Después de un rato, frunció el ceño