Benedicto besó suavemente sus labios rojos, trazando delicadamente sus labios con un sabor dulce que se esparcía.
Fabiola se puso más nerviosa por su actitud despreocupada y satisfecha.
Benedicto la miró con una sonrisa maliciosa: —Sé buena...
Su voz siempre tenía un tipo de magia, baja y magnética, como si pudiera llevarla a caer juntos en una noche interminable.
Fabiola abrazó el brazo de Benedicto, mirando con ojos empañados la luna en el horizonte.
La luna en el cielo, detrás de las copas de