—¿Así que tu jefe y tú tuvisteis algo?— preguntó Martha, con una ceja levantada. Acabo de volver de la cafetería y estoy aquí en su casa para recoger a Avery. Ella y yo estábamos tomando el té en el comedor.
—¿Un rollo? No!— protesté de inmediato. —Es que me parece muy raro.
Martha enarcó una ceja.
—¿Raro? Le gustas, por eso.
Dejé escapar un No saques conclusiones precipitadas, Martha. A lo mejor sólo está siendo amable.
—Y ése es el problema. No es amable. Sólo contigo—. Se cruzó de brazos. —¿