—¿Quién era? — le pregunté.
La irritación brilló en sus ojos.
—No tengo ni idea—. Recogió sus pantalones cortos y una camisa. —Ponte algo de ropa. Creo que tengo una pista de quiénes son estos intrusos.
¡¿Intrusos?!
—Rápido, muñeca. No quiero que otros te vean desnuda. — me obligó y prácticamente me lanzó mi vestido rojo. Y más rápido que un rayo, ya me lo había puesto.
Silvestre se adelantó y yo le seguí detrás mientras averiguamos quiénes son. Levanté lentamente los pies y me asomé a la puert