—Mi señora…—susurró mientras su mano libre me quitaba los pantalones junto con la ropa interior antes de bajar la cabeza y empezar a besarme allí, haciéndome gritar de placer.
Sus labios se convirtieron en la llave que me llevó al cielo por primera vez. Momentos después, volvió a levantar la cabeza y se acercó a mí mientras reclamaba mis labios.
—¿Estás lista, mi señora? — Me preguntó mientras se colocaba.
—Siempre lista para ti—. Dije sonriendo.
Entró y todo lo que hice fue gritar su nombr