Holden y yo no nos despegamos del hospital ni un solo instante. Él paseaba por la sala o se perdía en sus pensamientos mirando un punto muerto y yo me mantenía con la cabeza entre las manos, observando el suelo mientras mi mente se llenaba de ella; de sus sonrisas maliciosas, mirándome con furia y pasión; de sus labios sobre los míos y cada suspiro que me tragué a gusto al tiempo que la hacía toda mía,.
De nada sirve lamentarnos si esto era una posibilidad, aún así, ¿por qué no le insistí un po