Blair observó a uno de los Berone agonizando en su muerte y la satisfacción empezó a extenderse en su pecho; calmo, placentero.
El hombre estaba prácticamente muerto, respiraba pesado y se movía muy poco. Así que ella tomó una de sus cuchillas y se agachó con precaución, girándole el rostro con la afiliada hoja para que esté la mirara directamente a los ojos.
—¿Sabes cuál es la única diferencia entre ustedes y nosotros, pedazo de mierda? —inquirió con una sonrisa retorcida en sus labios—. Que