Iris
No puedo negar que es bueno en lo que hace, no le tomó ni cinco minutos hacerme venir divinamente. Pero es hora de que cumpla con su palabra.
—¿Y? —vuelvo a insistirle.
—Tranquila preciosa, todo a su tiempo… —sus largas pausas me están impacientando— Déjame presentarte a la persona que tienes delante primero. Mi nombre es Tadeo, encantado de conocerte. —al terminar toma mi mano y le da un beso sutil.
¿En serio? Después de lamerme hasta el alma, ¿recién cree qué es prudente presentarse? Ade