Los demás

Café. Olía mucho a café. A ese café bueno que solía preparar Isabel por las tardes y luego le batía leche y un toque de vainilla. No cabía duda que era su café. Entonces si era la tarde de ese 30 de diciembre y yo estaba así de dormida porque mi suegra me consentía desde la cocina.

A quien tenía en frente no se parecía en nada a ella pero me confundió aún más que mis manos se hallar

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