Capítulo 31.
Rose.
Sujeté con firmeza mi bastón. Frente a mi habían dos hombres de dudosa higiene general mirándome con cara de curiosidad.
-Así que en este elevador se encuentra una de las entradas al pequeño agujero en donde se esconden las ratas. - Dijo con una asquerosa sonrisa.
-¿Quieres que te ahorremos mucho dolor, pequeña?- Dijo el otro tipo. - Sé buena y llévanos contigo.
Salí del elevador y enseguida escuché el inconfundible sonido del llamado del elevador. Alguien intentaba subir.
M****a, ¿Sería