Capítulo 22.
Rowan.
Mi cerebro frito volvió a la vida abruptamente y solo me tomó dos segundos recordar la última escena que vi frente a mí.
Un pequeño oso me había atacado.
Bajé los pantalones que claramente no eran míos y el alivio me inundó.
Fueron los tres segundos más felices de mis últimas horas.
Entonces fui consciente de mi entorno y de la loba que me miraba con cara asesina. Lo siguiente que supe fue un bombardeo de información que volvió a freír mi cerebro.
Se fue de la habitación después de solo