Dorian se pasó la mano por la cara otra vez, como si el solo hecho de contarlo resultara agotador.
— Le mandé a limpiar mi cuarto hoy.
— Hasta ahí, rutina normal de jefe detestable.
— Con uniforme nuevo.
Cássio frunció el ceño.
— ¿Cómo… uniforme nuevo?
Dorian apoyó el vaso despacio sobre la mesa, la mirada fija en el fondo de la bebida como si allí estuviera ahogada su dignidad.
— Una lencería roja. Con liguero.
Cássio no pudo contenerse.
— ¡Hostia, Dorian! — se rió a carcajadas lo bastante fue