71. Te tengo, peaches
Penelope
No sé bien qué pasó después de que acabé el hechizo, solo sé que desperté en una habitación, con mis manos encadenadas a la cama.
La imagen del chico perdiendo su humanidad se repite en mi mente una y otra y otra vez, y no me permite dormir.
Cada vez que cierro los ojos la imagen del muchacho pidiendo que me detenga regresa a mi mente y el dolor y el remordimiento se apoderan de mí. Pero también crece el odio que siento hacia Frederick y su asqueroso hijo.
No puedo creer que sean capace