168. No parece una bienvenida
Nicklaus
El aire aún se siente denso, cargado de una energía que no logro comprender del todo, pero que me hace estar en constante alerta.
Mis ojos buscan al guardián, esperando su próximo movimiento. Lo veo de pie, inmóvil como siempre, observándome en completo silencio. Tiene esa misma mirada insondable que me ha perseguido desde el inicio de esta travesía.
—Lo he conseguido —digo, mi voz firme, aunque no tan confiada como quisiera. Siento el peso de lo que acabo de pasar, pero lo he superado