Sonrío al verme al espejo, hoy mi día torna mejor, sin embargo, aún sigo sintiendo esa punzada en el corazón al pensar en ellos juntos de nuevo. No soy egoísta, pero ya me había acostumbrado a él, tanto que ahora me siento hueca.
—Esta es la última bolsa, ¿con eso es suficiente?—pregunta Rease.
—Sí, ¿trajiste la mermelada de melocotón que se le antojó?—camino hacia él con los brazos cruzados.
—Eeeh—dice nervioso.
—Rease, no me digas que se te olvidó —Lo empiezo a mirar mal.
—Aaay ya, perd