Capítulo 8. La Cena de los Cuchillos Largos.
El silencio en el comedor solo era interrumpido por el roce de la platería sobre la porcelana fina. Victoria observaba a Aslan con esa mirada que lo escaneaba todo: su cansancio, su nudo de la corbata, su falta de apetito.
—Has estado distraído, Aslan. Casi parece que tu mente está en otro lugar... o con otra persona —soltó Victoria, dejando su copa de vino en la mesa con una elegancia ensayada—. Supongo que es mucho pedir que tu madre tenga tu atención completa una noche a la semana.
Aslan sus