Capítulo 165. El destello
—¡Me importa un carajo la policía metropolitana, imbécil! ¡No es mi problema, es el tuyo, así que resuélvelo!
El grito de Varkas rebotó contra las paredes de cemento desnudo del sótano. El lugar apestaba a humedad, a gasolina y al miedo rancio que él mismo emanaba. Atrás había quedado el lujo de Mayfair y la pulcritud de su abrigo de cachemira, ahora empapado y arrugado sobre una silla de plástico.
Al otro lado de la línea, la voz sonaba distorsionada por la estática y el pánico contenido:
—Kh