Punt de vista de Sienna
No hubo más gritos, ni más reclamos.
Aidan se dio la vuelta, caminó hacia la puerta y salió de la habitación.
Las rodillas me fallaron, caí al piso.
Lloré como nunca había llorado, el dolor que sentía en el pecho era tan grande que no podía respirar, mi alma se estaba rompiendo por la mitad.
Lo había perdido.
Mi miedo, mi cobardía y mis mentiras me habían alcanzado por fin, el hombre que amaba me odiaba. Me iba a quitar a mi hijo.
Mi castillo en las nubes se había derrum