El viernes llegó demasiado pronto, la señora Greyson entró llevando una pesada caja blanca entre las manos, era el vestido que Aidan había ordenado para mí.
Pero en cuanto abrí la caja, el estómago se me revolvió de rabia.
La fina tela estaba hecha jirones, alguien había usado unas tijeras con saña, desgarrando las mangas, haciendo cortes por todos lados.
No hacía falta ser un genio para saber quién lo había hecho. Tasha Sterling se había encargado de enviarme su felicitación de bodas por adel