Pasó un mes sin novedades.
Un día, Jin Fengchen estaba a punto de salir del trabajo cuando sonó el teléfono.
Era Mo Tingfeng.
Seguramente terminó todo.
Jin Fengchen descolgó y preguntó sin rodeos: “¿Volviste?”.
“Volví”.
Al otro lado de la llamada, Mo Tingfeng se apoyó contra la pared, con una mano él sacó el cigarrillo que llevaba en el bolsillo, se lo llevó a la boca y lo encendió. Dio una larga calada y lo soltó lentamente.
Entre el humo, su expresión era tranquila y sus ojos vagamente