Tony Treviño regresó a Texas con el corazón más pesado que un toro en día de rodeo. Después de todo lo sucedido en Nueva York, sentía que su vida se había desmoronado como un castillo de naipes en medio de un huracán.
Llegó al rancho Blackwell al atardecer.
—¡Apá! —gritó Lupita, corriendo hacia él con los brazos abiertos.
Tony la alzó, abrazándola fuerte contra su pecho.
—Mi reinita —murmuró, besando su frente —te extrañé más que a las tortillas recién hechas.
María y Guadalupe salieron de la c