Cuando llegó al Rancho Blackwell, Tony estacionó su camioneta frente a la casa grande. Marjorie seguía profundamente dormida en el asiento del pasajero, roncando suavemente como un gatito con congestión nasal.
Tony suspiró, pasándose una mano por el cabello:
—Bueno, princesa, llegó la hora de llevarte a la cama. Y no es la forma en que imaginé decir esa frase.
Con cuidado, Tony levantó a Marjorie en sus brazos, ella murmuró algo ininteligible para después quedarse quieta de nuevo.
—Tranquila, v