Horas después…
La noche había caído y Valentina se sentía inquieta. Alejandro aún no llegaba, había pasado la hora de la cena y el pequeño Javier Alejandro ya estaba en su habitación, dormido. Ella había intentado llamarlo varias veces, pero su celular estaba apagado. Le había dejado numerosos mensajes, y la preocupación crecía.
“¡Dios mío! ¿Dónde estará Alejandro? Estoy empezando a preocuparme. Él nunca llega tarde y siempre me llama si no puede estar a tiempo para la cena. ¡Ya sé! Voy a llama