Valentina observaba con asombro a ambos, esperando que las palabras de Ámbar fueran simplemente el resultado de su estado de embriaguez. Desde hacía tiempo, había notado que, desde la mañana hasta bien entrada la noche, Ámbar consumía licor y pasaba la mayor parte del tiempo ebria.
— Señora Ámbar, ¿qué barbaridad acaba de decir? Por favor, deje de beber. Lo que está ocurriendo es serio y necesitamos que esté sobria más que nunca.
Alejandro, nervioso y tratando de evitar que su madre continuara