Narrado por Mia
El despacho de Alessandro siempre huele a una mezcla reconfortante de cera para madera y café antiguo, pero hoy, ni siquiera ese aroma lograba asentar el torbellino que tenía en el pecho. Me pasé toda la mañana concentrada en un contrato de compraventa, leyendo la misma cláusula cinco veces sin entender una sola palabra.
Comí a mi hora, obligándome a ingerir una ensalada que me sabía a cartón. Me sentía... sensible. No era solo el cansancio o las hormonas gritando en mi sistema;