Narrado por Mia
Si existiera un medidor de satisfacción muscular, el mío estaría hoy en niveles estratosféricos. Me desperté con esa sensación de pesadez gloriosa, como si mis huesos hubieran sido reorganizados con precisión quirúrgica. Cada vez que intentaba estirarme bajo las sábanas de lino, un pequeño gemido de molestia—del tipo "vale totalmente la pena"—se escapaba de mi garganta.
Liam ya estaba de pie, vistiéndose frente al espejo con esa eficiencia militar que me recordaba que, a diferen