Él sigue tomando con sus amigos, mirándome cada tanto. Yo sigo comiendo y charlando solo con Henry, ya que nuestros compañeros decidieron irse, pero también miro a Alex sin querer y cada vez que puedo. Ya van varias veces que nuestras miradas se cruzan, pero no comprendo lo que sus ojos quieren decirme. Y me quedé con la duda de qué es lo que quería decirme en el pasillo, y juro por lo que sea, que no se va a ir a Australia sin decírmelo.
—Y van… treinta veces que lo miras a ese tipo —comenta H