Daniela intentó hablar, pero no pudo porque le tenía la boca apretada firmemente con la palma de su mano y él le dijo.
—Te voy a soltar, pero tranquilízate, ¿Ok?
Ella asintió con la cabeza y entonces él la soltó y Daniela agarró la toalla pequeña que había soltado en el lavamanos y empezó a golpearlo con ella gritándole.
—¡Que me calme grandísimo desgraciado! ¡Por tu culpa mi hijo está sufriendo porque quiere que te mudes con nosotros!
—¡Quieres calmarte! —exclamó y le arrancó la toalla— Ya