Gabriela asintió alterada.
—Ahora, osita, voy a utilizar tu baño y luego me marcharé. —Julio se quitó la chaqueta y la dejó en el sofá. Y se dio la vuelta para dirigirse al baño, ella le notó que tenía una cartuchera con una pistola, cuando desapareció de su vista Gabriela empezó a halarse los cabellos como si quisiera quedarse calva.
“¡Ese maldito cabrón! ¡¿Y ahora qué voy a hacer?! Raúl tenía razón, debí escucharlo cuando me dijo que Julio era peligroso. ¡No puede ser! Este plan era perfecto