Cuando Juan se retiró, Sergio volvió a mirar a Sofía que aún intentaba desbloquear el teléfono y le sujetó las manos diciendo.
—Cariño, ya guarda el teléfono, ya tengo el número de tu amiga…
—¡Perfecto, préstame tu celular!
—No, tú no estás en condiciones de llamar, estás hecha un manojo de nervios y te conozco, ni siquiera cuando estás calmada tienes tacto para hablar. Yo lo haré y luego vamos a la cafetería para comprarte un té de manzanilla.
—Está bien cariño, hazlo tú y diles que eres mi