Daniela dudó y le dijo.
—Mamá, yo sé que te cuento todo, pero tienes cincuenta y siete años y no quiero que te escandalices…
—Dices cincuenta y siete como si fuera una momia y además puritana.
Daniela se río y le dijo.
—Es que hay ciertas cosas que son incómodas de hablar contigo.
—¿Es sobre sexo? ¡Ay por dios! ¿Y cómo crees que vinieron tú y tus hermanos al mundo? ¿De un huevo?
—¡Claro que no! —dijo Daniela carcajeándose.
—Entonces cuéntame, te aseguro que sé sobre el tema.
—¡Ay no, mam