Al llegar a su edificio le pagó al taxista y salió del auto tambaleándose. Hasta que llegó a la pared y de no ser por su mano apoyada en el muro se habría caído. Después de varios intentos abrió la puerta de cristal y la cerró. Logró llegar al elevador, y en cuanto entré y presionó el botón del pent-house se quedó mirando hacia el techo del elevador, fijando su atención en un pequeño foco fundido entre tantos que iluminaban los paneles. El mundo parecía dar vueltas alrededor de ese maldito foco