—Ya vi la cicatriz en tu pierna —indicó, después de un rato.
—Eso es diferente.
Ella estaba segura de que lo que hubiera bajo el parche sería mucho menos turbador que la imagen que conjuraba su mente, pero cedió de inmediato.
—Está bien, Juan, no te molestaré más.
Él se dio vuelta y la atrajo, frotando su mejilla sana contra la de ella.
—Todos necesitamos guardar algo para nosotros, Daniela —la miró—. Estoy seguro de que hay muchas cosas acerca de ti que no sé, aun cuando hayamos hablado sin