—No serás puesto a prueba, porque no creo en juegos tontos —le aseguró Daniela, con energía.
Después del almuerzo y recoger la mesa, entraron en la casa para sentarse en la sala con bebidas frías a la mano, mientras Daniela solicitaba detalles de los lugares en los que Juan estuvo y el relato de los incidentes que presenció. Le habló de cosas que la hicieron abrir los ojos con asombro, después conmoverse hasta las lágrimas al describir sus experiencias de cuando empezó a hacer reportajes en el