Gabriela llevaba días vigilando a su gemela y sabía que todas las tardes, Daniela y a Juan Carlos se reunían al final de la tarde en casa de sus padres.
—La verdad es que sí, necesito más cariño. —
Juan Carlos la miraba atónito, su voz dulce era igual a la de Daniela, si no hubiera sido por su mirada él hubiera caído redondito. No cabía duda que había practicado mucho. Con sobrada razón lo había, lo pudo engañar la primera vez.
Cuando Gabriela se acercó, Juan Carlos retrocedió y ella supo