A la hora del almuerzo se fue a la casa de sus padres. Al llegar vio cómo su hijo corría hacia ella abrazándola.
—¡Mamá! ¡Bendición!
—¡Dios te bendiga! ¡Mi cielo! —lo abrazó y le dio un beso.
Se acercó y abrazó a la señora Elena Castillo.
—¡Bendición! ¿Cómo estás?
—¡Dios te bendiga, hija! ¡Estoy bien!
—¿Cómo se portó Lucas?
—Muy bien, no te preocupes. —dijo la señora Elena.
—Lucas, ¿Cómo te fue hoy en el colegio?
—¡Muy bien!, abuela, ¿Verdad que me saqué un veinte en matemáticas?
—¡Así es!, mi