— ¿Oh, por qué? —Daniela entrecerró los ojos, riendo.
—Como un acto de fe. Para probar que no quiero solo tu tentador cuerpo, sino tu compañía, tu conversación y lo que es más importante.
— ¿Qué?
—Será mejor que redecoremos el pent-house o compramos una casa, ¿No te parece? —los ojos de Juan danzaban—. A menos que te guste mi pent-house, Además de que tengo motivos muy sentimentales asociados con mi dormitorio.
Dani estaba tan complacida por la declaración de intención, que lo estrechó,