Daniela suspiró resignada porque se habían prometido el uno al otro, que jamás se iban a ocultar nada. Decidió contarlo todo desde el principio y como fue rescatada por su amigo Julio Fernández. Mientras le iba contando, ella vio como Juan pasó de la incredulidad a la indignación y la rabia
—¡Ese maldito me las va a pagar! ¡¿Cómo se atrevió a tocarte?!
—¡No, por favor Juan! Estoy bien, no pasó nada porque le partí la nariz...
— ¿No ocurrió nada? ¡Te quiso violar!
Juan Carlos, al ver la angu