Daniela le dedicó una esplendorosa sonrisa y Juan Carlos le saltó el corazón.
—Entonces déjame poner la mesa...
—¿Te ayudo?
—Claro, me encantaría.
Entre los dos acomodaron la mesa en silencio. Y se sentaron uno al lado del otro, y hasta Juan Carlos llegó el aroma del perfume, que él le regaló tiempo atrás, que combinado con su aroma natural siempre fue un afrodisíaco para él. De repente, Juan Carlos sintió una erección y agradeció estar cubierto con la mesa.
"¡Diantres! ¿Por qué se puso es