En la entrada, dos hombres con postura bastante derecha, ambos vestidos con trajes negros, estaban recibiendo a los invitados que llegaban al funeral.
—César, que descanses.
—Mi muchacho, no te pongas tan triste.
César asintió en señal de agradecimiento, y Ricardo se quedó un paso atrás, siguiéndolo.
Hasta que Ricardo hizo un gesto con la cabeza, señalando hacia adelante.
—¿No es ese el famoso William?
Nunca lo había visto en persona, pero sí había oído hablar de él. Es el líder del mundo empres