Lorena acababa de responderle un mensaje a doña Marta cuando su teléfono volvió a sonar. Esta vez, era Marina la que le escribía para decirle que iba a su casa a cenar.
—Bebé, ¿recuerdas ese pequeño restaurante cerca de mi universidad? Lo remodelaron y ahora es un local grandísimo. Hoy es la inauguración. Cuando termine mis clases por la tarde, compraré comida para dos y la llevaré a tu casa para cenar juntas.
—También te llevaré unas entradas y cerveza. Pediré todo con más picante y mucha salsa