Flavio prácticamente convirtió su observación en un lloriqueo.
La esposa de Flavio apoyó su argumento y añadió:
— María, mira esto… ¿No crees que César ya en serio se ha pasado demasiado?
María alzó su taza de café, pero no bebió. En su lugar, miró hacia César y, molesta, preguntó:
— Mijo, ¿qué ha pasado aquí?
César cruzó las piernas y se acomodó, con la mano sobre la rodilla. Parecía que nada le podía afectar.
— Guillermo ha contribuido a la empresa, eso es cierto. Pero eso no le da derecho a v